Resistencia identitaria

Psychologue Clinicienne / Psychotérapeute à Estavar

Resistencia identitaria

Artículo de Elisenda Navinés publicado en le journal El Bourricot diciembre 2019.

La palabra «resistencia», proviene del latín y significa permanecer firme, persistir, oponerse repetidamente sin perder el lugar y se compone de «re- » (intensificación de la acción) y del verbo «sistere», que significa tomar posición.

La resistencia permite posicionarse para convertirse en lo que somos a través de la capacidad de«resiliencia» de cada uno. ¿Y qué es la resiliencia?  Es la capacidad de adaptarse a situaciones adversas o frustrantes. Su significado etimológico se refiere al término latino «Resilio» que significa retroceder o ir hacia atrás y, por lo tanto, en psicología, se refiere a la capacidad de sufrir situaciones estresantes sin que se dé un trauma o desequilibrio emocional.

La capacidad de resiliencia nos permite mantener nuestras propias capacidades a pesar de haber sufrido un estrés sostenido en el tiempo, así como la capacidad de recuperarnos después de haber sufrido un trauma o impacto emocional con más fuerza y de manera más apropiada en futuras ocasiones.

La capacidad de resistir nos habla pues de existencia y de identidad porque permite que nos sintamos y que nos identifiquemos con nuestro deseo y voluntad en lo que respecta a como nos situamos frente a todo conflicto que nos exige una respuesta propia. La capacidad de resiliencia nos da la fuerza que necesitamos para oponernos a todo lo que pueda destruir o perturbar nuestra identidad en construcción o ya adquirida, manteniendo así el peso del sufrimiento que dicha lucha conlleva

Cuando llega la adolescencia, es muy necesario en referencia al proceso identitario, romper con la fusión parental. No hacerlo implica no convertirnos en nosotros mismos y una lesión grave, pues conduce a la sumisión de la voluntad del otro en el presente y en el futuro sin opción a poder identificar si nuestro deseo es verdaderamente nuestro o del otro.

En esta etapa de la vida, la lucha consiste en seguir haciendo posible que nuestros padres sigan sintiéndose orgullosos de nosotros sin que se dañe la propia identidad aun frágil, para poder llegar a ser. Al mismo tiempo tenemos que lidiar con el luto de la separación que implica romper con la fusión parental. También debemos ser capaces de soportar el dolor que a menudo se añade a la decepción que sentimos de no poder responder a su deseo que nos pide ser como ellos desean que seamos.

Los psicólogos nunca tendríamos que forzar a los niños y adolescentes a que corrijan su conducta en el sentido que sus padres buscan sin analizar antes lo mejor posible, de que se defienden y contra que luchan, para no agregar aún más dolor y más conflicto. Las personas son personas, no objetos para modular de acuerdo con el deseo del otro. Una vez que nos convertimos en adultos, en muchos casos, no haber sido capaces de decir «no» por no poder tolerar la frustración de la decepción del otro y por lo tanto de sometemos para evitar el dolor implícito, significará que en el futuro nos someteremos también a muchas situaciones que no desearemos y con dificultades para resolverlas como quisiéramos.

¿Vale la pena no devenir quiénes somos realmente para que el otro nos aprecie y nos ame? ¿Somos realmente apreciados y queridos si para obtener este reconocimiento debemos renunciar a cómo queremos ser? ¿No haríamos mejor para nuestros jóvenes esforzarnos para que identifiquen en sí mismos el respeto, la capacidad de reflexión, la alegría de sentir las diferencias que aún nos unen, en lugar de priorizar en todo momento que es lo que la ley y las normas nos ordenan de hacer? Existe en cada uno de nosotros una conciencia que nos habla del bien y del mal más allá de los códigos morales y sociales imperantes en nuestra sociedad que es necesario reforzar. No hacerlo no les dará voz y generará sospecha mutua.

Una buena práctica por parte de los padres para preservar la identidad y personalidad de los niños es poder apreciar en que difieren de nosotros en lugar de enorgullecernos de todo en lo que se nos parecen, porque a menudo es en lo que nos son diferentes donde llegamos a encontrar signos de resiliencia cuando verificamos que poseen signos de conciencia e inteligencia al mismo tiempo.

Si queremos que nuestros hijos puedan defenderse bien en el mundo, también debemos asegurarnos de que aprendan a valorarse y respetarse a sí mismos, ello atraerá amigos que sepan cuidarse suficientemente, libres de expresarse como mejor sienten y sabiendo también dirigir su curiosidad, así como un desarrollo relacional adecuado.

Saber cómo valorarse a sí mismo y respetarse a sí mismo también incluye establecer límites, pues a menudo necesitan que se los recordemos.

Cuidar y mantener una buena comunicación donde no haya lugar el miedo para comunicar deseos y temores para que sea siempre posible dar un buen consejo al mismo tiempo que podamos ofrecer la confianza necesaria para soltarse de nosotros y experimentar por sí mismos, es lo que tenemos que procurarles en este mundo tan hermoso como conflictivo.

Si aceptamos que nuestros hijos puedan ser diferentes de nosotros les será más fácil aceptar lo que los diferencia de los demás, podrán tolerar mejor las frustraciones y cambios de humor tan típicos de esta etapa. Aprenderán más fácilmente a ser más tolerantes con ellos y con los demás y, por lo tanto, a no juzgarse ni juzgarse a sí mismos de forma rígida o severa, comprenderán la importancia de poder vivir y de existir. Llegarán a poder ser más receptivos frente al otro y también podrán mejor reconocerse a sí mismos augmentando así la confianza en sí mismos y en los demás.

Si queremos ser libres no debemos permitir nunca renunciar a nuestros sueños y deseos para complacer a los demás. El amor paternal y fusional no permite que el niño pueda separarse, ya que impide el ascenso de vuelo que precisan, es egoísta y enfermizo porque no permite que la confianza en sí mismo se desarrolle normalmente.

Si tenemos esto en cuenta, además de ayudar a que sean lo más libres posible, también les aportaremos la clave para combatir la alineación que la sociedad actual nos impone en cuanto a valores totalmente opuestos al respeto colectivo y social que hay que mantener para no abusar de los derechos y libertades que nos pertenecen a todos y que también como no hemos de defender y respectar.

Resistir en el campo político, también es ser capaz de hablar y cuestionar las verdades que se dan por hechas sólo por haber sido impuestas como tales. Resistir a la voluntad social implica no tolerar el mantenimiento de injusticias flagrantes en nombre de democracias falsas sólo porque vivamos en Europa. Hoy asistimos a un mundo corrupto en muchos aspectos y la libertad y los derechos humanos deben poder defensarse. Si queremos que nuestros hijos sean respetados, tendrán que aprender a respetar a los demás y a sus derechos como si fueran suyos.

El mejor éxito educativo no radica en decir que he logrado que mi hijo o hija sea como es según mis expectativas, o que nuestros hijos hayan llegado aquí o más allá, sino saber que hemos contribuido a ayudarlos a convertirse en personas con capacidad de reflexión, autonomía, libertad y respeto con la naturaleza y con todos los demás seres.

Este éxito educativo se enseña sobre todo dando ejemplo, expresando el desacuerdo ante toda injusticia social y mostrándoles cómo no ser sujetos súbditos e intolerantes y al mismo tiempo sin renunciar a la defensa de nuestros derechos fundamentales.

Si no les enseñamos a vivir en libertad, ¿lo harán más tarde con los suyos? ¿Nos agradecerán que luego obtengan lo que no hemos querido para ellos o entenderán ya demasiado tarde que habiéndoles enseñado que primero ellos, luego ellos y siempre primero ellos no les habremos proporcionado la paz que es tan necesaria para vivir plenamente? Si éste acabara siendo el mensaje, habremos contribuido a que el aprendizaje los haya vuelto dependientes del otro y súbditos a una voluntad que no será la propia y no habremos podido evitarles mucha angustia innecesaria.

Llegar a ser uno mismo se forja con atención, cuidado y amor para poder ver en uno mismo el valor humano intrínseco y propio como diferente e igual al otro en tantas y tantas cosas y por lo tanto no tengo la obligación ni el deber de ser a cómo el otro desee que sea y menos en contra de ser o sentir como quiero.  Tanto mejor si los demás me aprecian como soy y sino tanto da, lo que importa es saber que yo merezco serlo.

No voy a imponer que el otro me acepte como soy, ni me sentiré excesivamente herido de que el otro no me quiera como soy si me siento digno, de la misma manera que no dejaré de ser quien soy adoptando otra manera de ser que no me pertenezca para poder obtener que el otro me estime.

 

«La realización de mí mismo se opone a la despersonalización»

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