Impacto emocional del incendio en la catedral de notre dame de parís

Psychologue Clinicienne / Psychotérapeute à Estavar

Impacto emocional del incendio en la catedral de notre dame de parís

 

Artículo de Elisenda Navinés publicado en le journal El Bourricot, maryo 2019.

La Catedral de Notre Dame de París, de estilo barroco, tiene más de 800 años de antigüedad. Fue construida en 1160, en la época del rey Luis VII.Se completó 100 años más tarde, en 1272 y todo el pueblo de Francia ayudó en la construcción, con donaciones y el esfuerzo físico de la población, escultores, carpinteros, albañiles …

Notre Dame evoca la Madre de Dios y es uno de los grandes símbolos de París y de Francia. Es por esta razón que la gente ha sentido este incendio como si una parte suya haya sido dañada, «porque afecta directamente a nuestras identidades » decían muchos.

El 15 de abril la Catedral se incendió. Las llamas y el humo salían de la azotea y fueron inmediatamente visibles en toda la ciudad. La gente no podía creerlo y mucha gente se acercó todo lo que pudieron para orar y cantar.  El momento más llamativo fue cuando la aguja se incendió y en poco tiempo cayó; en pocos segundos esta dejó de señalar el cielo y su simbolismo se derrumbó. ¿Qué sutil mensaje puede sentir un creyente de este incendio y este simbolismo? Si la aguja señalaba el cielo como el lugar donde cada creyente dirige su deseo, es evidente que el cambio de dirección para muchos de estos pudo ser vivido como un toque de conciencia y la interpretación, que la Iglesia no va en el buen sentido.

La noticia no sólo conmocionó a los franceses, impactactó en todo el mundo, a católicos, creyentes y también a todos los amantes de la historia y el arte. Pero es evidente que en los creyentes el impacto ha sido mayor dado el contexto actual de la Iglesia de hoy. Ello ha comportado y reforzado la idea en una parte de los creyentes de que este incendio es el signo de un castigo a causa de una Iglesia que Dios no puede reconocer. Los numerosos casos de pedofilia denunciados y el hecho de que el incendio ocurriera en pleno inicio de Semana Santa intensificaron el sentimiento de tragedia.

Para unos y otros, hay que reconstruir la Catedral, pero la lluvia de cientos de miles de euros en unas pocas horas no ha gustado a los que han estado pidiendo algunos gestos de solidaridad hacía los más débiles en los últimos meses. ¿No es sorprendente que la generosidad de los más ricos se despierte para reconstruir paredes, iconos y tesoros materiales y que la sensibilidad con el drama de los más necesitados tenga como respuesta la indiferencia? ¿No es sorprendente también que coincida justo ahora que se esperaba  por parte del estado una respuesta a la demanda de mejoras sociales para los más necesitados?

El impacto de este incendio genera diferentes reacciones emocionales y diferentes debates.

A nivel psicológico pertenecer a la religión cristiana o católica tiene connotaciones diferentes porque la iglesia es la comunidad de los fieles y cuestiona la conducta de sus fieles. Para aquellos que no son creyentes, la autoridad moral de la iglesia no es más que una institución que sirve de consuelo y adoctrinamiento moral a servicio del poder político y social de una sociedad y por lo tanto las repercusiones psicológicas no serán las mismas. No es lo mismo estar triste porque una magnifica catedral se haya incendiado que además se añada el hecho de que esto ha sucedido porque Dios no aprueba ni nuestra conducta ni la de los que tendrían que asegurar el cumplimiento de las leyes y mensajes transmitidos por las Santas Escrituras.

 

  1. Jung, a diferencia de Freud, entendió que la formación de la personalidad no puede ser disociada del sentido espiritual ni del alma, y a pesar de que fue a partir del descubrimiento del inconsciente que Jung pudo progresar en el conocimiento del psiquismo humano, se dio cuenta de que de la obra de Freud hablaba de una psicología de las ramificaciones del instinto sexual en el alma humana. Por ello Jung, en su libro «sobre el desarrollo de la personalidad “nos dice:

«Tendríamos que ver que en el alma muchas cosas dependen de la sexualidad, a veces todo; Pero en otras ocasiones, pocas cosas dependen de ella y casi todas están dominadas por la autoconversión o el instinto de poder… ¿Cómo podemos diferenciar los instintos? ¿Cuántos instintos hay? ¿Cuáles son los instintos? Así llegamos a la biología y luego nos encontramos más confundidos que nunca… Tenemos que aprender a ser más modestos con los hechos psicológicos; en lugar de saber exactamente que ciertas cosas no son «más que sexualidad o voluntad de poder, tendríamos que estudiarlas desde el punto de vista de su irrupción.» Echemos un vistazo a nosotros, por ejemplo, en la religión. ¿Puede la ciencia estar segura de que el instinto religioso no existe? ¿Podemos suponer realmente que el fenómeno religioso es siempre una función secundaria basada en la represión de la sexualidad?.

Portarse bien o mal con uno mismo o con los demás siempre tiene consecuencias, pero para un creyente que está convencido de la existencia de Dios afecta doblemente puesto que escapar de la justicia humana es posible, pero no de su juicio.

Las creencias de las personas y las diferentes religiones son todas respetables y nadie tiene el derecho de juzgarlas o faltarles al respeto y los psicólogos debemos tenerlo muy presente. Las convicciones religiosas y las interpretaciones que los creyentes hacen acerca de eventos impactantes pueden interpretarse erróneamente sin la atención correcta.

Ansel Grün en su libro «la mitad de la vida como una tarea espiritual. La crisis de 40-50 años dice: cada religión, al menos, tiene que considerar la siguiente pregunta psicológica: ¿hasta qué punto la religión con sus dogmas y su práctica hacen a un hombre sano o enfermo? Pues finalmente, la religión se entiende como un camino que tiene como objetivo llevar a la salvación, pero no sólo a una salvación trascendental sino a una salvación humana«.

A menudo las creencias que nos hablan de la vida más allá de la muerte se transmiten de generación en generación, pero no siempre sucede así. Puede ocurrir que en la vida particular de cada uno sucedan acontecimientos que puedan ser sentidos como especiales y que por ello las conciencias se resientan. En algunas personas puede incluso generar un cambio de conciencia repentino. No se trata de alucinaciones, pero sí de experiencias que impactan en el alma.

En el artículo de » la religión después de la crítica del psicoanálisis» de Antoine Vergote, este autor explica que Freud entiende que el niño da a los padres un estatus de gigantes, de personajes todopoderosos porque cree que lo saben todo y todo lo pueden. Por lo tanto, el niño transfiere a sus padres la omnipotencia de su deseo, y que por lo tanto es en esta dependencia donde se encuentra el deseo de ser sostenido que Freud cree haber encontrado la raíz, la fuente y el mismo núcleo de la religión. Por ello A.Vergote nos dice que:

«Es absolutamente necesario que el hombre, mediante un trabajo progresivo, vaya orientando su religión de necesidad hacia una religión de deseo. La religión del deseo dirige al hombre hacia el otro y hacia Dios. Esta máxima no suprime la soledad o la angustia contra la muerte, o la culpabilidad, sino que la supera. Este podría ser el aspecto místico que podemos descubrir en la religión… La fe es sólo fe auténtica cuando es confianza y libera.  Entonces también es en la cultura una fuerza que favorece la salud psíquica. «

Por lo tanto, ni los sacerdotes, ni los psicólogos, ni todos los que ejercen cualquier trabajo en contacto con el sufrimiento humano, tiene el derecho de desalentar la fe que tienen para con Dios y en la Iglesia, dando a entender que sus creencias son infantiles, inmaduras y sus reacciones emocionales poco apropiadas. Los sacerdotes tendrían que ser los primeros en ser testimonio y ejemplo de comprensión, compasión y caridad, pero desafortunadamente en muchos casos no es así.

Los servidores de la iglesia que con su comportamiento perverso han herido de por vida almas de inocentes no merecen ser dignos de ser reconocidos con autoridad moral y menos eclesiástica.

La iglesia es en cualquier sociedad o comunidad religiosa, la casa donde la oración une a los hombres en su culto al Dios en el que creen. Aquellos que promueven la confusión, el desaliento y la falta de esperanza actúan como los políticos que sólo buscan el poder, y son también los responsables de la actual crisis religiosa y de valores humanos que tanto está afectando en este mundo de hoy tan caótico.

Salvemos Notre Dame, pero salvemos también aquellos que huyen de la guerra, del hambre, a los que son condenados por sus ideas legítimas y justas, a las personas víctimas de la exclusión social… Trabajemos juntos por una sociedad que sea verdaderamente más justa y viviremos mejor, no tendremos tantas necesidades y estaremos apoyados y sostenidos para adaptarnos mejor en este mundo. No se trata de adaptarse a una sociedad deshumanizada, más bien se trata de luchar para transformarla. Así, la mayoría de las personas de fe no verán tantos cataclismos o fenómenos meteorológicos como un castigo merecido.

«Es la iglesia interior, inmortal y pura por la Unión de los Santos en Dios, la que debemos honrar en nuestros corazones, en lugar de la iglesia exterior, temporal y manchada por los hombres, la que hemos de idolatrar en el mundo.

LCattiaux «El mensaje reencontrado»

     

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