Familia, escuela y estado

Psychologue Clinicienne / Psychotérapeute à Estavar

Familia, escuela y estado

Artículo de Elisenda Navinés publicado en le journal El Bourricot, septembre 2017.

En el desarrollo de la personalidad, hay muchos factores involucrados. Los factores más influyentes y más importantes son la educación, la genética, la calidez, el afecto familiar y las experiencias que promueven la capacidad de amar, sentir, pensar y tolerar el conflicto y la frustración.

La calidad de las relaciones y las interacciones humanas que hemos tenido desde la niñez es desde mi punto de vista, la mejor prevención contra el desencanto.

Me gustaría resaltar el factor educativo tan importante para ayudar a nuestros pequeños.

Des de las escuelas  se está tratando de inculcar a los niños el respeto, el reconocimiento y la tolerancia hacia los demás, pero frecuentemente de forma insuficiente.

¿Cómo se construye el crecimiento y el desarrollo de la propia personalidad?

Como psicóloga, creo que lo que más influye en los niños y que les va a dar una huella de por vida, se encuentra en la proyección del inconsciente de los padres sobre los niños, incluso antes del su nacimiento.

Los psicólogos, doctores y educadores, vemos a menudo como los padres imponen su deseo en los niños, mediante la proyección de sus ambiciones, sueños y esperanzas que no han tenido lugar. Winnicott hablar de «trauma que tuvo lugar», Balind «la falla» y Lacan de “la falta”. Desde diferentes enfoques, pero el común denominador es un vacío existencial y causa de sufrimiento y malestar emocional.

El primer psiquismo del niño, pues, queda impregnado de esta fusión psicológica parental. Afortunadamente, la escuela desempeña un papel muy activo y puede ayudar mucho a contrarrestar dinámicas familiares toxicas. La escuela, no sólo es el factor socializador por excelencia, es también la que orientará al niño una vez sea adulto a integrarse a la comunidad. La desconexión de esta primera identidad inconsciente con la familia para favorecer la conciencia de uno mismo se puede fomentar mediante el reconocimiento de los valores intrínsecos de cada uno.

Desafortunadamente, a menudo la escuela como institución, es más transmisora de la ideología del sistema del estado al que pertenece, que potenciadora de las principales virtudes de cada niño en particular.

En las Instituciones i en particular la familia i la escuela, se debería fomentar el respeto por la diferenciación individual. Los principales valores que la Sociedad reconoce no siempre corresponden con los que puedan tener otros niños, ni los valores otorgados a ciertas capacidades son la verdad absoluta. Ayudar el desarrollo de la propia personalidad implica fomentar i mejorar las propias capacidades. Si impedimos que madure lo mejor que puede tener un niño, fomentaremos una Sociedad alienada i sumisa a la norma por la norma, pondremos palos al pensamiento crítico y al crecimiento personal propio.

La uniformidad de las ideas y valores pueden herir mucho y echar a perder la peculiaridad de cada uno. Si los valores colectivos se fomentan mucho más que los particulares, puede comportar que este niño cuando sea adulto se identifique más según los valores establecidos que no por los propios faltos de desarrollo.

Este niño una vez adulto se ubicará muy bien respecto a aquellos problemas que puedan identificarse en los parámetros educativos establecidos, pero serán personas inseguras para toda situación que comporte una respuesta propia des de la conciencia más íntima y personal.

“Lo fundamental, no es que de la escuela los niños salgan cargados de conocimientos, sino que la escuela consiga sacar al joven de la identidad inconsciente de la familia y hacerlo consciente de sí mismo” C.G. Jung

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